Introducción

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El evangelicalismo es un movimiento cristiano que se ha esparcido por todo el mundo, y ha tomado formas muy diversas. Por ser parte de un movimiento de renovación espiritual protestante, los evangélicos solemos diferenciarnos del catolicismo romano. Un triste resultado de esta diferenciación es que los evangélicos hemos perdido un sentido saludable de catolicidad.

La palabra “católico” proviene del término griego katholikós (καθολικός) que significa “entero”, “completo”, “general” o “universal.” Si bien el adjetivo katholikós no aparece en el Nuevo Testamento, el concepto de la iglesia “entera” o “completa” se encuentra en muchos pasajes. Como era de esperarse, la frase “la iglesia católica”, en el sentido de la iglesia “entera” o “completa”, se hizo parte del vocabulario cristiano desde muy temprano en la historia de la iglesia.

Con el pasar del tiempo, el concepto de la catolicidad de la iglesia desarrolló un significado muy rico, de tal modo que la catolicidad llegó a referirse a la comunión espiritual que unía a todas las iglesias y creyentes, no sólo a través de todas las naciones y clases sociales, sino también a través de todos los siglos. En su tratado Commonitorium, compuesto alrededor del año 434, el monje Vicente de Lérins ofrece lo que se convertiría en una definición clásica de la catolicidad:

En la iglesia católica tenemos el mayor cuidado de sostener lo que se ha creído en todas partes (universalidad), siempre (antigüedad) y por todos (consenso). Esto es verdadera y propiamente ‘católico’, como lo demuestra la fuerza y el significado de la palabra […] Seguiremos la universalidad si reconocemos que sólo una fe es verdadera, lo que confiesa toda la iglesia en todo el mundo; la antigüedad si de ninguna manera nos apartamos de esas interpretaciones que está claro que proclamaron nuestros antepasados y padres; el consenso, si en la antigüedad seguimos las definiciones y opiniones de todos, o por lo menos de la mayoría de los obispos y maestros (4.3).

Es por esto que el hablar de un evangelicalismo católico expresa mucho más de lo que podría hacer la frase “evangelicalismo universal”, como seguramente muchos hermanos y hermanas evangélicos preferirían que esta página web se llame para diferenciarse del catolicismo romano. Pero si habláramos de un evangelicalismo “universal”, nos limitaríamos a la unión de los creyentes alrededor del mundo hoy en día. Y como ya vimos, el concepto de catolicidad abarca mucho más que universalidad; también incluye antigüedad, consenso, y como resultado, ortodoxía o doctrina sana. La frase “evangelicalismo católico” expresa el anhelo por un evangelicalismo saludable que esté en sintonía con el consenso de toda la iglesia a través de todos los siglos. En visto a todo esto, y como lo demuestran estudios serios sobre el tema, el catolicismo romano distorciona el concepto de la catolicidad, ya que sus posturas exclusivistas, especialmente con respecto al rol del Papa, no representan el consenso histórico de la iglesia. Es, por lo tanto, con el fin de rescatar un sentido verdadero y saludable de catolicidad que esta página web adopta el adjetivo católico.

Consecuentemente, esta página web se enfoca en explorar las riquezas espirituales del primer milenio de la iglesia, cuando las grandes divisiones entre el catolicismo romano y la ortodoxia del este, o entre el catolicismo romano y el protestantismo, todavía no ocurrían. Un evangelicalismo católico busca estar en diálogo con la historia que une a todas las ramas de la iglesia con el fin de resaltar la esencia del cristianismo para el bien de todos los cristianos.

En resumen, lo que proponemos no es que los evangélicos se conviertan en católicos romanos. Por el contrario, lo que buscamos es que las iglesias y creyentes evangélicos aprendan que se puede ser católico sin ser católico romano. Lo que es más, anhelamos que todas las iglesias y creyentes evangélicos entendamos que se necesita ser católico, en el buen sentido de la palabra, para poder disfrutar del gran tesoro de dones espirituales que la iglesia ha recibido de Cristo a través de los siglos. ¿Qué queremos decir con esto? Leemos en Efesios 4:

Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo […] Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo (RVR60).

El Señor Jesucristo ha estado repartiendo dones espirituales (v. 8) de enseñanza (v. 11) para la edificación de su iglesia (v. 12) desde el momento en que ascendió a los cielos después de su resurrección. Al ignorar la larga historia de enseñanzas cristianas después del tiempo del Nuevo Testamento, los evangélicos actuamos como si los dones del Espíritu cesaron después que el último apóstol murió, y volvieron a darse cuando nosotros nos convertimos. La triste realidad es que a muchos de nosotros no nos importa lo que los maestros de la iglesia enseñaron entre el tiempo en que el último libro de la Biblia fue escrito y el día de hoy. En algunos casos nos comportamos como si la administración de estos dones se reinició con la generación de Martín Lutero, otros con la de Juan Calvino, otros con la de Juan Wesley, y así por el estilo, pero muy pocos tomamos en serio lo que los cristianos antes de la reforma protestante creían y practicaban.

Pero la Biblia misma enseña que el Espíritu de Cristo no ha cesado de dar dones de enseñanza para la edificación de la iglesia. De lo contrario, ¿qué nos garantiza que el Espíritu siga dando dones hoy en día? Esto quiere decir que la iglesia tiene un tesoro de dos mil años de enseñanzas de parte de maestros dotados por el Espíritu para la edificación del rebaño de Cristo.

¿Deseas beneficiarte de estos tesoros espirituales? Es para ayudarte a experimentar esta bendición que existimos. La misión de nuestra página web es estimular al evangelicalismo hispanohablante a apreciar y aprovechar las riquezas espirituales de la tradición cristiana del primer milenio mediante la publicación de artículos que presenten el consenso doctrinal de la iglesia primitiva y las enseñanzas de sus figuras más resaltantes de una manera aplicable al contexto evangélico.

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