Explicación

 

¿Evangelicalismo católico? ¿Se puede ser evangélico y católico a la misma vez? ¿Acaso no son términos contradictorios?

El evangelicalismo es un movimiento cristiano de renovación espiritual que se ha esparcido por todo el mundo y toma formas muy diversas. A pesar de nuestra gran diversidad, las iglesias y creyentes que nos identificamos como evangélicos compartimos ciertas convicciones básicas. Estas convicciones se podrían llamar el ABCD del evangelicalismo:

A. La Autoridad de la palabra de Dios: Como afirma la confesión de fe de la Alianza Evangélica Mundial (World Evangelical Alliance), «las Sagradas Escrituras […] son la máxima autoridad en todo lo que atañe a la fe y a la conducta». Los evangélicos creemos que Dios inspiró a los escritores bíblicos de tal manera que todas las partes de la Biblia se deben considerar como la palabra de Dios y la regla suprema de fe y conducta, y por lo tanto deben valorarse por encima de la opinión de cualquier persona o grupo.

B. Las Buenas nuevas de salvación por fe en Jesucristo: En las palabras de la confesión de la Alianza, «la salvación del hombre perdido y pecador [es] por medio de la sangre derramada del Señor Jesucristo, por fe aparte de las obras». Los evangélicos creemos que la salvación del pecado y de la muerte es un regalo de Dios que no se puede merecer, sino que solamente se debe recibir por medio de la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios que se hizo hombre, murió en una cruz por los pecados de la humanidad, venció a la muerte resucitando al tercer día y regresará en gloria para establecer un reino de amor y santidad perfectos para siempre.

C. La Conversión por el Espíritu: La fe evangélica confiesa que «el Espíritu Santo […] al morar en el creyente, lo capacita para vivir una vida santa». Los evangélicos creemos que es necesario que todo aquel que se llame cristiano experimente de manera continua el poder santificador del Espíritu de Dios al renunciar al pecado con el fin de seguir los pasos de Jesús y vivir de acuerdo a la voluntad de Dios revelada en Cristo.

D. El Deber evangelístico: La misma confesión evangélica añade que el Espíritu Santo capacita a los creyentes para «testificar sobre el Señor Jesucristo y trabajar para él». Los evangélicos creemos que la tarea de compartir las buenas nuevas de salvación en Cristo deben tener prioridad en la misión de la iglesia y los creyentes.

Debido a que el evangelicalismo es un movimiento de renovación espiritual protestante, los evangélicos solemos diferenciarnos del catolicismo romano. Un triste resultado de esta diferenciación es que los evangélicos hemos perdido un sentido saludable de catolicidad.

La palabra «católico» proviene del término griego katholikós (καθολικός) que significa «entero», «completo», «general» o «universal». Si bien el adjetivo katholikós no aparece en el Nuevo Testamento, el concepto de la iglesia «entera» o «completa» se encuentra en muchos pasajes. Por ejemplo, Pablo escribe en 1 Corintios 1:2: «a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro» (RV60).

Como era de esperarse, la frase «iglesia católica» – en el sentido de la iglesia «entera» o «completa» – se hizo parte del vocabulario cristiano desde muy temprano. El primer uso de la frase se puede hallar en un escrito de inicios del siglo II, la carta del obispo Ignacio de Antioquía a la iglesia de Esmirna. El pastor de la iglesia antioquena escribe: «Donde sea que el obispo aparezca, allí debe estar la multitud, de la misma manera en que donde sea que Cristo Jesús esté, allí está la iglesia católica» (8.2).

Con el pasar del tiempo, el concepto de la catolicidad de la iglesia desarrolló un significado muy rico, de tal modo que la catolicidad llegó a referirse a la comunión espiritual que unía a todas las iglesias y creyentes, no sólo a través de todas las naciones y clases sociales, sino también a través de todos los siglos. Pero por la misma razón, el concepto de catolicidad también incorpora la idea de plenitud espiritual, ya que, el estar en comunión con toda la iglesia implica tener acceso a todos los dones espirituales de la misma. Cirilo de Jerusalén, obispo del siglo IV, explicó así la catolicidad a unos nuevos conversos:

[A la iglesia] se le llama «católica» porque está difundida por todo el orbe desde unos confines a otros de la tierra y puesto que enseña de modo completo, y sin que falte nada, todos los dogmas que los hombres deben conocer sobre las cosas visibles e invisibles, celestiales y terrenas. Y también porque ha sometido al culto recto a toda clase de hombres, príncipes y hombres comunes, doctos e inexpertos. Y finalmente porque sana y cura toda clase de pecados que se cometen con el alma y el cuerpo. Ella posee todo género de virtud, cualquiera que sea su nombre, en hechos y en palabras y en dones espirituales de cualquier especie (Catequesis 18.23).

Es por esto que el hablar de un evangelicalismo católico expresa mucho más de lo que podría hacer la frase «evangelicalismo universal», como seguramente muchos hermanos y hermanas evangélicos preferirían que esta página web se llame para diferenciarse del catolicismo romano. Pero si hablásemos de un evangelicalismo «universal», nos limitaríamos a la unión de los creyentes alrededor del mundo hoy en día. Y como ya vimos, el concepto de catolicidad abarca mucho más que la universalidad: también incluye antigüedad y plenitud espiritual. Por lo tanto, la frase «evangelicalismo católico» expresa de manera singular el anhelo por un evangelicalismo que aproveche todos los recursos espirituales que Cristo ha dado a su iglesia, tanto en el presente como a través de todos los siglos. Como explica el apóstol Pablo en Efesios 4.1-13:

Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

El Señor Jesucristo ha estado repartiendo dones espirituales (v. 8) de enseñanza (v. 11) para la edificación de toda su iglesia (v. 12) desde el momento en que ascendió a los cielos después de su resurrección. Cuando ignoramos la larga historia de enseñanzas cristianas y la opinión de hermanos de denominaciones o congregaciones diferentes a la nuestra, los evangélicos actuamos como si los dones del Espíritu cesaron después que el último apóstol murió y volvieron a darse cuando nuestra propia congregación empezó a reunirse, o peor aún, cuando nosotros nos convertimos. Pero la misma Biblia enseña que el Espíritu de Cristo no ha cesado de dar dones de enseñanza para la edificación de la iglesia. De lo contrario, ¿qué nos garantiza que el Espíritu siga dando dones hoy en día? Esto quiere decir que la iglesia tiene un tesoro de dos mil años de enseñanzas de parte de maestros dotados por el Espíritu para la edificación de todo el rebaño de Cristo.

El pueblo evangélico necesita recuperar un sentido saludable de catolicidad urgentemente. Desacuerdos de diferentes tipos han fracturado a la iglesia en mil pedazos. Estas divisiones han causado que diferentes partes del cuerpo de Cristo se desarrollen de manera aislada con el resultado que muchos evangélicos carecemos de los dones que Cristo ha dado a otras partes de su cuerpo y de las riquezas espirituales preservadas en la historia que une a toda la iglesia.

Nuestra página web responde a esta necesidad y asume la misión de ayudar a los creyentes evangélicos a descubrir todas las riquezas espirituales de Cristo para su pueblo mediante la publicación de artículos que promuevan el aprendizaje de la fe y la práctica de la iglesia antes de las grandes divisiones históricas y de diferentes tradiciones actuales.

En la sección Nuestra fe encontrarás confesiones que resumen los puntos más importantes de la fe que ha unido a todos los cristianos a través de los siglos.

Los artículos bajo la categoría Nuestros padres presentan las ideas de algunos de los maestros y documentos más influyentes de los primeros siglos de la iglesia, mucho antes de las grandes divisiones entre Roma y Constantinopla, y entre el catolicismo romano y las iglesias protestantes.

La sección Nuestro hermanos proporciona introducciones a diferentes tradiciones dentro de la iglesia actual y las contribuciones que éstas tienen para el resto del pueblo de Dios.

En resumen, la propuesta de evangelicalismo católico no es que los evangélicos se conviertan en católicos romanos. Tampoco estamos buscando que los evangélicos cambien de denominación. Nuestra meta es que los creyentes evangélicos aprendan que sus congregaciones y denominaciones son parte del cuerpo de Cristo y, por lo tanto, como una sola parte, necesitan los dones espirituales que Dios ha dado a las otras partes del cuerpo, tanto a sus hermanos como a sus padres en la fe.

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