Los hermanos luteranos

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Los hermanos luteranos derivan su identidad del gran reformador alemán Martín Lutero (1483-1546). Lutero no fue ni el primer ni el único líder religioso que intentó corregir los muchos errores en que la iglesia occidental había caído, pero su personalidad y experiencias tan dramáticas contribuyeron a que se convirtiera en el símbolo de la reforma protestante del s. XVI. La valentía que llevó a Lutero a resistir cara a cara al emperador Carlos V y los representantes papales con el fin de mantener sus creencias ha inspirado a muchos a través de los siglos a defender la fe evangélica y la libertad religiosa. «Mi conciencia es esclava de la palabra de Dios. No puedo ni quiero retractarme. Ir en contra de la conciencia no es seguro ni saludable», diría Lutero ante las autoridades que tenían el poder de ejecutarlo.

Lutero llegó a vivir hasta los 62 años a pesar de la severa persecución que sufrió, pero las iglesias alemanas que seguían sus enseñanzas empezaron a tener diferencias tan pronto muriera el gran reformador. Finalmente, estas iglesias llegarían a un acuerdo que fue registrado en el Libro de la Concordia de 1580, el cual hasta el día de hoy sirve como estándar doctrinal del luteranismo tradicional. Gracias a las misiones y la inmigración, hoy en día se puede encontrar iglesias luteranas en muchas partes del mundo.

Al igual que el resto de evangélicos, los luteranos tradicionales consideran a la Biblia como la autoridad doctrinal suprema. En otras palabras, los hermanos luteranos no ven al Libro de la Concordia como una adición a la par de las Sagradas Escrituras, sino como una buena explicación y resumen de las enseñanzas de la Biblia.

Una de las enseñanzas más características de la tradición luterana es la justificación ante Dios sólo por fe sólo en Cristo. Si bien no todos los que se identifican como luteranos hoy en día afirman una fe evangélica, los hermanos que sí lo hacen nos recuerdan al resto de evangélicos que la única razón por la que somos justificados por Dios, es decir, perdonados y aceptados completamente como hijos amados, no son nuestras obras ni nuestras buenas intenciones, sino la sangre de Cristo que cubre todo pecado. Y esta justificación es un regalo que se recibe sólo por fe. Como el mismo Libro de Concordia explica, «no podemos obtener el perdón de los pecados y la justicia delante de Dios por nuestro propio mérito, por nuestras obras o por nuestra propia fuerza, sino que obtenemos el perdón de los pecados y la justificación por pura gracia por medio de Jesucristo y la fe. Pues creemos que Jesucristo ha sufrido por nosotros y que gracias a Él nos son dadas la justicia y la vida eterna».

Esto nos recuerda que la única razón por la que los hermanos luteranos se identifican como tal, es porque consideran que Lutero era fiel discípulo de Cristo y sus apóstoles, en especial de Pablo, quien inspiró las enseñanzas de la reforma proclamando: «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe». (Efesios 2:8-9 RV60).

¿Qué piensas tú? ¿Qué otras contribuciones hacen los hermanos luteranos al resto del pueblo evangélico?

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