Los hermanos pentecostales

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Los hermanos pentecostales han revolucionado, no sólo al mundo evangélico, sino a todo el cristianismo en el siglo XX.

Como su nombre sugiere, los hermanos pentecostales mantienen que la iglesia en cada generación debe esperar el mismo derramamiento del Espíritu Santo que cayó sobre los apóstoles y discípulos el día de Pentecostés después de la ascensión del Señor Jesucristo. Debido a que el don del Espíritu que los primeros discípulos recibieron en tal instancia fue acompañado de señales milagrosas y la capacidad de hablar en nuevas lenguas, los hermanos pentecostales tradicionalmente creen que estas señales deben seguir caracterizando al pueblo de Dios. (Ver Hechos 1-3).

En gran parte, esta expectativa fue el resultado de una serie de avivamientos espirituales que tuvieron lugar a inicios del siglo XX. En especial,  la reuniones de avivamiento que ocurrieron en la calle Azusa en Los Ángeles, California, entre 1906 y 1915 llamaron mucho la atención por su carácter interracial y experiencias dramáticas, incluyendo el hablar en lenguas y el reporte de milagros.

Estos avivamientos espirituales resultaron en una labor misionera muy extensa que fue recibida con brazos abiertos por los marginados de los países en vías de desarrollo. De esta forma, el pentecostalismo se convirtió en uno de los movimientos religiosos más grande del siglo pasado, y hoy en día se calcula que hay cerca de 500 millones de cristianos pentecostales alrededor del mundo.

De hecho, a su tiempo también surgieron cristianos carismáticos, es decir, creyentes que pertenecen a iglesias no pentecostales que, sin embargo, adoptan ciertas creencias y prácticas pentecostales.  Hasta la comunión más tradicional de todas, la iglesia católica romana, tiene ahora miembros carismáticos.

Si bien algunas de las muchas ramas del pentecostalismo se han desviado tanto que niegan la doctrina de la Trinidad o predican una salvación que consiste en prosperidad económica, el pentecostalismo clásico afirma una fe evangélica. Estos hermanos pentecostales nos recuerdan al resto de evangélicos que el poder del Espíritu Santo es indispensable para la vida cristiana y que Dios es capaz de hacer milagros, incluso el día de hoy. Además, la iglesia necesita ocuparse fervientemente en un estilo de oración marcado por una fe que no vacila. Como el mismo Señor Jesús enseña en Marcos 11.22-24: «Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá» (RV60).

¿Qué piensas tú? ¿Qué otras contribuciones hacen los hermanos pentecostales al resto del pueblo evangélico?

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