El ayuno y la oración en los primeros siglos de la iglesia

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Los evangelios registran el siguiente intercambio entre Jesús y algunos críticos de sus discípulos:

Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. (Mateo 9:14-15 RV60. Véase también Marcos 2:18-19 y Lucas 5:33-35)

Claramente, el Señor Jesús esperaba que sus discípulos empezarían a ayunar regularmente después de que Él fuera crucificado, resucitara y ascendiera a la diestra del Padre. ¿Lo hicieron?

El Nuevo Testamento menciona diferentes instancias posteriores a la ascensión del Señor en las que cristianos ayunan (Hechos 13:2-3; 14:23), pero ningún pasaje detalla ninguna norma para el ayuno regular que los críticos que hablaron con Jesús esperaban de los discípulos. Una vez más, el manual de la Didaché, mencionado ya un par de veces en artículos anteriores, nos ayuda a ver que los cristianos de finales del primer siglo sí desarrollaron disciplinas de ayuno y oración como otros grupos religiosos de su tiempo. Didaché 8 dice:

Es preciso que vuestros ayunos no sean parecidos a los de los hipócritas [probable referencia a los judíos], puesto que ellos ayunan el segundo y quinto día de cada semana [es decir, el lunes y el jueves]. En cambio vosotros ayunaréis el día cuatro y la víspera del sábado [el miércoles y el viernes]. No hagáis tampoco oración como los hipócritas, sino como el Señor lo ha mandado en su Evangelio. Vosotros oraréis así: «Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; danos hoy nuestro pan cotidiano; perdónanos nuestra deuda como nosotros perdonamos a nuestros deudores, no nos induzcas en tentación, sino líbranos del mal, porque tuyo es el poder y la gloria por todos los siglos.» Orad así tres veces al día.

La Didaché representa la costumbre de un sector de la iglesia a finales del primer siglo. De por sí esta costumbre no puede convertirse en una norma exacta para todas las iglesias en todos los tiempos y en todas partes. Sin embargo, este pasaje provee un ejemplo de cómo algunos cristianos cumplieron con la expectativa del Señor de que sus discípulos ayunarían y orarían regularmente después de su partida. Costumbres similares podrían cultivar entre los evangélicos un mayor hambre por el retorno del esposo celestial de la iglesia. ¿Cómo podrías cumplir tú con la expectativa del Señor de un ayuno regular entre sus discípulos?

Finalmente, Didaché 8 también sirve para demostrar la prominencia de la oración del Padrenuestro en la devoción diaria de los primeros cristianos. Estos discípulos entendieron que al decir “Cuando oréis, decid” (Lucas 11:2. Véase también Mateo 6:9), el Señor realmente quiso decir que debíamos usar las palabras de la oración que nos enseñó. Como lo demuestran las otras oraciones que encontramos en Didaché, el uso del Padrenuestro no negaba la posibilidad de rogar a Dios con diferentes palabras. A la misma vez, el uso constante de la fórmula provista por el Maestro nos ayuda a enfocarnos en el tipo de peticiones que Dios desea que hagamos. ¿Estás aprovechando tú el tesoro espiritual del Padrenuestro en tu devoción diaria?

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