Discipulado en la iglesia pre-constantiniana

Ancient Baptism

En una entrada anterior examinamos la práctica evangelística de la iglesia primitiva, y ahora nos disponemos a examinar el discipulado de la era pre-constantiniana, es decir, el proceso de instrucción de nuevos conversos al cristianismo durante los siglos previos a su legalización por el emperador Constantino en el año 313.

Pero antes de desarrollar el tema principal de esta entrada, vale la pena hacer una aclaración. Nuestras iglesias evangélicas suelen distinguir al evangelismo del discipulado. Según esta distinción, el evangelismo se refiere a la invitación que se hace a aquellos que no siguen al Señor Jesús a que pongan su fe en aquel que murió y resucitó por ellos. Por otro lado, el discipulado se refiere al proceso de instrucción para los que deciden aceptar la invitación del evangelio. La aclaración importante es que ningún cristiano, por mucha experiencia que tenga en la fe, cesa de tener la necesidad de escuchar el evangelio y recibir instrucción constantemente. En otras palabras, el discipulado nunca termina para el cristiano. Como el mismo Señor Jesús enseñó, «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz CADA DÍA, sígame» (Lucas 9:23).

Quizá por la misma razón, la iglesia de los primeros siglos no usaba la palabra discipulado para la instrucción de los conversos. La designación preferida era catequesis, y los que participaban en esta instrucción eran llamados catecúmenos. En el Nuevo Testamento vemos que los apóstoles bautizaban a las personas tan pronto éstas expresaban arrepentimiento y fe en el evangelio (Hechos 2:41; 16:33), pero en los siglos posteriores encontramos que los que deseaban ser bautizados debían pasar por un largo período de instrucción que podía durar hasta tres años, como se puede ver en Tradición apostólica 17, un documento de inicios del tercer siglo.

¿Por qué hubo un cambio del bautismo inmediato de los apóstoles a la larga catequesis pre-bautismal de los padres? La gran mayoría de conversiones que encontramos en el ministerio de los apóstoles ocurrían entre gente que estaba muy familiarizada con la religión judía, ya sea porque eran judíos o simpatizantes del judaísmo como los llamados «temerosos de Dios» (Hechos 10:2, 22; 18:7). A medida que la influencia de la iglesia se extendió, las conversiones entre personas completamente extrañas a la religión judía se multiplicaron. Como resultado, la iglesia vio la necesidad de desarrollar en período de preparación para el bautismo que incluyera instrucción doctrinal y moral. De hecho, la instrucción doctrinal no demoraba mucho, pero lo que sí podía tardar es que las personas completamente ignorantes de la ética bíblica aprendan a vivir como discípulos de Cristo. En otras palabras, era sumamente importante para la iglesia que los nuevos creyentes conozcan bien las demandas que su nueva religión haría sobre ellos antes que se hicieran cristianos. Este sistema tomaba muy en serio la advertencia del Señor Jesús en Lucas 14:28: «¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?».

Después que Constantino legalizara el cristianismo en el 313, y Teodosio lo adoptara como la religión imperial en el 380, la multiplicación de nuevos miembros de la iglesia junto con la práctica del bautismo de niños cambiaría mucho el sistema catequético. Desde entonces la instrucción en la fe ya no ocurriría tan frecuentemente en preparación para el bautismo, sino cuando los niños bautizados crecieran.

¿Qué podemos aprender los evangélicos de la catequesis pre-constantiniana? Un período de instrucción y entrenamiento de tres años antes del bautismo ciertamente parece excesivo, pero por el otro lado, no hay duda que la seriedad y compromiso que este sistema inculcaba en los catecúmenos era muy profundo. Aun si recortásemos la catequesis considerablemente hoy en día, ¿te imaginas el tipo de miembros que nuestras iglesias tendrían si todos los candidatos tuvieran que pasar por una instrucción cuidadosa y un entrenamiento moral riguroso?

¿Qué otra lección podemos aprender de la catequesis pre-constantiniana?

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