El credo de los apóstoles

Credo de los apóstoles (1)

  1. Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.
  2. Y en Jesucristo, su único hijo, nuestro Señor, 
  3. que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, 
  4. padeció bajo Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado,
  5. descendió a los infiernos: al tercer día resucitó de entre los muertos, 
  6. ascendió a los cielos, está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso: 
  7. desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
  8. Creo en el Espíritu Santo, 
  9. la santa iglesia católica, la comunión de los santos,
  10. el perdón de los pecados, 
  11. la resurrección de la carne, 
  12. la vida eterna. Amén.

Como su nombre lo indica, el credo de los apóstoles es una confesión de los artículos fundamentales de la fe cristiana. La palabra credo proviene del verbo latín que significa yo creo.

Según leyendas medievales, el credo de los apóstoles fue compuesto por los doce discípulos de Jesús antes de que éstos se separaran para predicar el evangelio por todo el mundo. Según la leyenda, cada uno de los apóstoles contribuyó un punto al credo, el cual fue diseñado para unificar la predicación de la iglesia. Es por esto que la tradición cristiana ha dividido los contenidos del credo en doce puntos, y obras de arte medievales, como la mostrada anteriormente, presentan a cada uno de los apóstoles declarando un punto de la confesión.

A pesar de que esta leyenda no refleje el verdadero origen del credo, sí resalta lo que hace importante al credo para toda la iglesia en cada generación: el credo es un resumen excelente de la predicación apostólica que encontramos en la Biblia (1 Cor. 1:2; 8:6; 15:1-11; Luc. 1:35; Mat. 27:22; 28:19; Hech. 2:14-41; Juan 5:25-29). Incluso la referencia al descenso de Jesús “a los infiernos” tiene apoyo bíblico, si se entiende, no como el lugar de tormentos eternos, sino como el lugar a donde van la almas de los muertos (Luc. 16:22; Efe. 4:9). La idea es que el Señor Jesús realmente murió, y realmente resucitó, tanto en cuerpo como  en alma.

Si bien la primera instancia del credo en su forma actual data del siglo ocho, su origen más probable se encuentra mucho más antes, en las confesiones que los nuevos conversos tenían que hacer antes de su bautismo en la iglesia romana del tercer siglo. Antes de ser bautizados en el nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo, los nuevos miembros de la iglesia debían responder preguntas que correspondían a la fórmula bautismal. Los candidatos al bautismo necesitaban responder diciendo, “Sí, creo,” a preguntas como, “¿Crees en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?”.

La función original del credo explica sus contenidos: una afirmación de fe básica acerca de cada una de las personas de la Trinidad, en cuyo nombre se aplica el bautismo cristiano, junto con un desarrollo especial acerca de la persona y obra de Jesucristo––su concepción, muerte y resurrección. El credo corresponde al mensaje más básico del cristianismo, al evangelio que toda persona debe creer para ser salvo y ser contado como parte del pueblo de Dios.

El usar el credo nos podría ayudar a todos los evangélicos a delinear claramente el mensaje principal de la Biblia y, por lo tanto, el contenido que debemos enfatizar en nuestra enseñanza y predicación, especialmente al recibir nuevos conversos en nuestras iglesias. Cuando recibimos nuevos miembros, ¿nos estamos asegurando de que sepan qué creer acerca del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo? Muchas veces asumimos que todos tienen este conocimiento, pero la historia de la iglesia nos enseña que podemos cometer muchísimos errores en relación a estos puntos más básicos de la fe. Tomémonos el tiempo necesario para instruir a todos los que quieran unirse a nuestras iglesias en las doctrinas resumidas por el credo. Será el mejor fundamento que podremos ofrecer a nuestros nuevos miembros.

Si todos los evangélicos usásemos el credo de esta manera, quizá nos daríamos cuenta que la fe que nos une, es mucho más importante que las diferencias que nos separan. El credo nos recuerda que nuestra identidad básica no se encuentra en nuestras confesiones luteranas, calvinistas, wesleyanas, bautistas, dispensacionalistas o pentecostales, sino en el bautismo trinitario que todos compartimos.

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