Evangelismo en la iglesia primitiva

Eustache_Le_Sueur_-_The_Preaching_of_St_Paul_at_Ephesus_-_WGA12613

El sentido de responsabilidad de compartir las buenas noticias de salvación en Cristo es una de las características principales del evangelicalismo. La imagen de los evangélicos que muchos en la sociedad tienen es la del predicador en una campaña a la que asisten multitudes para escuchar acerca de la necesidad de arrepentirse y comprometerse con Dios. Los que somos evangélicos sabemos que es muy común escuchar en nuestras iglesias recordatorios acerca de la obligación de evangelizar a nuestros familiares y amigos

¿Cómo practicaban el evangelismo los primeros cristianos, y qué podemos aprender de ello los evangélicos?

En el libro de los Hechos leemos de grandes discursos evangelísticos de parte de los apóstoles, y el resto del Nuevo Testamento también habla del ministerio de los evangelistas (Hechos 21:8; Efe. 4:11; 2 Tim. 4:5). Pero no todos los cristianos de la iglesia apostólica tenían el don de la palabra. De hecho, todo parece indicar que la expectativa del Señor Jesús y de los apóstoles era que la gran mayoría de creyentes influyera a sus comunidades primeramente en base a su comportamiento ejemplar.

El Señor Jesús enseña a todos sus discípulos en el famoso sermón del monte: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mat. 5:16 RV60). De manera similar, el apóstol Pedro escribió: “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa” (1 Ped. 3:1-2). Por su parte, Pablo instruye a su asistente Tito a que exhorte “a los siervos a que se sujeten a sus amos, que agraden en todo, que no sean respondones; no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador” (Tito 2:9-10).

Por supuesto, una vez que los cristianos hubieran llamado la atención de otros por su comportamiento ejemplar, éstos tenían que estar preparados para, como escribe Pedro, “presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Ped. 3:15). Pero todo empezaba con la manera en que el cristiano se distinguía del resto del mundo por su comportamiento puro y compasivo.

La iglesia de los primeros siglos parece haber seguido este patrón establecido por los apóstoles. Al estudiar la historia temprana del cristianismo no encontramos muchas referencias al trabajo de evangelistas (aunque sí de apologistas). Pero a pesar de la aparente ausencia de campañas evangelísticas, la iglesia seguía creciendo. ¿Cómo lo hacía? De la misma manera en que empezó a crecer bajo la enseñanza de los apóstoles: por la atracción que creaban las vidas cambiadas por el evangelio.

El apologista africano de fines del segundo siglo Tertuliano describe la admiración que el comportamiento cristiano creaba entre los incrédulos: “Mirad, dicen, cómo se aman entre sí: se admiran, porque ellos recíprocamente se aborrecen. Mirad cómo cada uno está dispuesto a morir gustosamente por el otro: se extrañan porque ellos más dispuestos están para matarse” (Apología, cap. 39). Además de la admiración que causaba el amor que los creyentes se tenían entre sí, el compromiso completo de los cristianos con su fe también causaba sorpresa. La disposición de muchos de morir como mártires asombraba al resto de la sociedad. Una vez más, Tertuliano testifica: “Segando nos sembráis: más somos cuanto derramáis más sangre; que la sangre de los cristianos es semilla” (Cap. 50). La impresión que el compromiso cristiano causaba en sus vecinos llevaba a la conversión de los mismos.

El testimonio de la iglesia primitiva nos recuerda que el método más efectivo de convencer a otros del poder salvador del evangelio que proclamamos siempre ha sido mediante la transformación espiritual de nuestras propias vidas. En pocas palabras, si vamos a hablar de Jesús, debemos primero amar como Jesús.

¿A quién te llama el Señor a amar en su nombre hoy?

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s