Clemente de Roma y la importancia del orden

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Pulsa aquí para ver la primera parte de nuestra introducción a Clemente.

Hay muchas cosas que los evangélicos podríamos aprender de la carta de Clemente a los corintios (aprox. año 95 d.C.). Por ejemplo, las exhortaciones de Clemente están repletas de referencias bíblicas. Para Clemente, como para la mayoría de maestros cristianos de los primeros siglos, toda enseñanza debe ser demostrada en base a las Escrituras.

En esta sección vamos a resaltar lo que Clemente nos enseña con respecto al orden en la iglesia. Como dijimos en la primera parte, el propósito por el que Clemente escribió en el nombre de la iglesia de Roma a los corintios fue exhortar a esta iglesia hermana a restaurar el orden perdido. Como podremos ver a continuación, algunos rebeldes habían instigado la expulsión de los líderes de la iglesia. Esto es lo que Clemente escribe al respecto en el capítulo 42:

Los apóstoles recibieron el evangelio para nosotros del Señor Jesucristo; Jesucristo fue enviado por Dios. Así pues, Cristo viene de Dios, y los apóstoles de Cristo. Por tanto, los dos vienen de la voluntad de Dios en el orden designado. Habiendo recibido el encargo, pues, y habiendo sido asegurados por medio de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, y confirmados en la palabra de Dios con plena seguridad por el Espíritu Santo, salieron a proclamar las buenas nuevas de que había llegado el reino de Dios. Y así, predicando por campos y ciudades, por todas partes, designaron a las primicias (de sus labores), una vez hubieron sido probados por el Espíritu, para que fueran obispos y diáconos de los que creyeran.

El texto citado es importante porque presenta a los “obispos y diáconos” como sucesores de Cristo y de sus apóstoles. La idea de la sucesión apostólica no es invención de Clemente. La Biblia misma presenta a los obispos como sucesores de los apóstoles en lugares como Hechos 20:17-38. Clemente continúa su argumento en el capítulo 44:

Y nuestros apóstoles sabían por nuestro Señor Jesucristo que habría contiendas sobre el nombramiento del cargo de obispo. Por cuya causa, habiendo recibido conocimiento completo de antemano, designaron a las personas mencionadas, y después proveyeron a continuación que si éstas durmieran, otros hombres aprobados les sucedieran en su servicio. A estos hombres, pues, que fueron nombrados por ellos, o después por otros de reputación, con el consentimiento de toda la iglesia, y que han ministrado intachablemente el rebaño de Cristo, en humildad de corazón, pacíficamente y con toda modestia, y durante mucho tiempo han tenido buena fama ante todos, a estos hombres nosotros consideramos que habéis injustamente privado de su ministerio. Porque no será un pecado nuestro leve si nosotros expulsamos a los que han hecho ofrenda de los dones del cargo del obispado de modo intachable y santo. Bienaventurados los presbíteros que fueron antes, siendo así que su partida fue en sazón y fructífera: porque ellos no tienen temor de que nadie les prive de sus cargos designados.

Hoy en día, las iglesias que tienen un obispo por ciudad dicen que sólo éstos son los sucesores de los apóstoles. Por lo tanto, dicen estas iglesias, sólo ellas tienen un ministerio válido. Pero Clemente presenta una figura diferente. Según Clemente, y la iglesia romana del primer siglo a la que representa, si una ciudad como Corinto tiene varios obispos o presbíteros (ancianos), todos estos líderes son sucesores de las apóstoles. Nótese cuántas referencias hace Clemente a una pluralidad de líderes en Corinto: “las personas mencionadas”, “otros hombres aprobados”, “estos hombres”, “los presbíteros”.

Pero no es suficiente que los evangélicos nos contentemos concluyendo que nuestros ministros ordenados sigan una sucesión apostólica tan válida como la de cualquier obispo. Lo que Clemente también deja claro es que el cargo de los líderes fieles debe ser respetado. La iglesia de Cristo tiene un orden establecido por Dios. Además, está igual de claro que, aunque ciudades como Corinto y Roma tenían varios líderes, todos estos líderes trabajaban juntos como miembros de una sola iglesia.

¿Qué pasaría si todos los evangélicos respetásemos el cargo de nuestros pastores? ¿Qué pasaría si todos nuestras pastores aprendiesen a trabajar juntos con pastores vecinos como miembros de una sola iglesia de Jesucristo?

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